18.4.14

En pausa

Este espacio se ha convertido en un escenario orquestrado. Aquí escribo lo que quiero escribir, lo que sale de la otra, de la media mía que sigue en pie. Aquí no escribo lo que quiero que lean. Si así fuera, qué farsa, qué acto tan burdo y desvirtuado el de escribir lo que alguien más quiere leer. El autor debería temer por el día en el que, sin vergüenza, sus palabras tomen como musa a las ideas ajenas. Debo dejar de escribir aunque me muera por dentro por escribir. Ya no me queda nada más que construir de nuevo y empezar desde cero. No hay nada más para decir por ahora.


13.4.14

Lamentaciones

Lamenté escuchar que nadie te había escrito cosas hasta que llegaste a mí. Especialmente cosas bonitas. Tres décadas y ni una cosa bonita. ¿Qué es de la existencia si no se graba en palabras? ¿Si no se queda en una posteridad como esta? ¿Si algún día envejecemos y nadie recuerda nuestras odiseas? ¿Si el tiempo pasa y lo que dijimos se pierde en la memoria, entre medias sin par y dinero entre libros? Todos merecemos estar en palabras de otros.


Yo siempre escribo, sobre todo en tiempos de zozobra. No eres el primero y probablemente no seas el último. Si te hubieras quedado te hubiera escrito una vida entera. Lo hice a menudo, escribí como en esta ocasión, pero ahora cada vez es menos. Son mensajes en vía de extinción. Lamenté también que no pudieras corresponderme, pero más que todo que hubieras renunciado a la posibilidad de correspondencia alguna con el mundo. La negación de la correspondencia es casi como el asesinato a la sorpresa y a la curiosidad. Lamento, hasta hoy, que no te sorprendas por la magia de un encuentro. Lamenté la sinceridad amable.

Lamento que no puedas sentir el sol cálido en el rostro porque el corazón se ha congelado y que desees que el tiempo sea efímero porque no quieres asimilar el pasado. Lamento entenderte, haberte conocido y me alegra un poco desconocerte con cada atardecer. Me desentiendo de ti como mecanismo de protección. Lamento no poder explicarte, yo tampoco he logrado entender lo suficientemente bien como para dibujarlo.

Nota del autor: mueca al final de este breve escrito. El autor no se siente satisfecho con el inicio ni con la conclusión. No hay una marca para saber dónde empieza el fin del que tanto se habla.

29.3.14

No me quieras

Al buen hombre
de corazón sano y medido,
de ojos abiertos,
de calma y de espera.

Al que merece un para siempre,
un corazón sin heridas,
la verdad completa 
y el amor decidido.

Al que sabe esperar
a pesar de que la espera signifique el fin.
Al que disfruta la zozobra
y la acoge como si fuera un tesoro.

A ti, hombre que esperas,
que recoges las piezas de la vasija rota,
que escribes mesuradamente y 
que esperas silenciosamente y demasiado de poco.

No me esperes. 
No me quieras.

17.3.14

En soledad




Estoy un poco rota. Tengo el espíritu un poco vencido. Tengo la sonrisa un poco fingida. Tengo el ánimo un poco caído. Tengo los pies un poco cansados. Tengo el corazón un poco deshecho. Funciono a media marcha y tengo la intención de reconstruirme lentamente en soledad.

10.3.14

Salmones

Escojo un sistema de palabras. Te imito. Deliberadamente te imito. Copio el tono, el ritmo y la situación en la que decides usar las palabras. Me transformo y de nuevo, vuelvo a ti para robar una identidad y sentirte más cerca. Caes como una mosca sobre fruta descompuesta. Repito la acrobacia verbal con modismos y expresiones. Una y otra vez funciona. Soy un pescador en el río, esperando con paciencia a que los salmones se golpeen después del ritual de apareamiento y floten sin vida.