Inentregable No. 1
Querido. Empiezo esta carta tomando el riesgo de sonar demasiado personal y cruzar esa línea imaginaria que no hemos delineado pero que existe entre nosotros. Estoy confiada de que estas líneas jamás llegarán a su destino y que así está planeado. Quiero decirle que, en esta noche de otoño, extraño tontear en la calle y tomarle la mano bajo la mesa, cuando todos nos miran al rostro. Me encantaba cuando salíamos a la calle y los pies nos llevaban a su casa de manera automática, retomando el camino de la noche anterior, la semana pasada y el mes previo. Debo confesarle que desde su partida no he estado desnuda más de lo necesario: en la ducha y cuando me cambio el ajuar. Los pies han estado frios y solitarios. Tampoco tengo a quien discutirle sobre qué lado de la cama quiero esta noche o si debería conservar las medias como única prenda mientras sueño. Extraño el pan caliente, los besos, los abrazos, la coquetería discreta en público y la vida privada enriquecida por la intim...